¿Qué tiene que pasar para que alguien actúe?
Escribo estas líneas como un vecino más de Capilla del Señor, sin otro interés que expresar la preocupación, el miedo y la impotencia que vivimos quienes habitamos el barrio La Boca.
Desde hace mucho tiempo convivimos con una situación que se ha vuelto insostenible. Una persona del barrio, que evidentemente atraviesa un grave problema de salud y conducta, protagoniza de manera reiterada episodios de violencia, amenazas, robos, agresiones y hechos de extrema gravedad que alteran la vida cotidiana de todos.
Quienes vivimos en la zona conocemos la realidad. Sabemos que los llamados al CAV y a la Policía son constantes. También sabemos que los efectivos policiales acuden una y otra vez, intervienen con profesionalismo y hacen todo lo que la ley les permite. Este no es un cuestionamiento hacia ellos.
La pregunta es otra.
¿Por qué una situación que lleva tanto tiempo sigue sin una solución definitiva?
¿Cuántas denuncias más hacen falta?
¿Cuántas intervenciones policiales más deben repetirse?
¿Cuánto más tienen que soportar los vecinos para que las autoridades competentes tomen medidas eficaces?
Nadie debería tener miedo de caminar por su propio barrio. Ninguna mujer debería sufrir situaciones de acoso al pasar por una esquina. Ningún adulto mayor, ningún niño ni ninguna familia debería vivir con la incertidumbre de no saber qué puede ocurrir al salir de su casa.
Esta carta no busca promover el odio ni la condena hacia una persona. Todo lo contrario. Es evidente que necesita una intervención adecuada y la asistencia que corresponda. Pero también es evidente que el Estado tiene la obligación de proteger a toda la comunidad.
No podemos esperar a que ocurra una tragedia para reaccionar. La prevención también es una forma de hacer justicia.
Por eso pedimos a las autoridades judiciales, municipales, sanitarias y de seguridad que trabajen de manera coordinada para encontrar una solución que proteja a los vecinos y que, al mismo tiempo, permita que esta persona reciba el tratamiento que necesita.
Ojalá esta carta sirva para abrir un debate serio y, sobre todo, para que quienes tienen la responsabilidad de actuar lo hagan antes de que sea demasiado tarde.
Porque vivir en paz no debería ser un privilegio. Debería ser un derecho.
Un vecino de Capilla del Señor.