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Cuentos con Mora y Leja - Cap XI: "El tiempo, un tesoro escondido"
Jueves, 15 Octubre 2026 12:16

Cuentos con Mora y Leja - Cap XI: "El tiempo, un tesoro escondido"

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Las vacaciones de invierno siempre fueron un esperado recreo que divide en dos al año de clases. Nosotros las disfrutamos mucho, ya que podemos dormir un poco más antes de levantarnos, hacemos salimos con los abuelos, y organizamos algun encuentro con nuestros compañeros.
Entonces, resumiendo, las vacaciones de invierno son dos semanas en las cuales nos dedicamos de lleno, a hacer solo aquello que nos gusta.

Y fue al comenzar la segunda semana de clases, cuando mamá nos dijo: chicos, dejen libre el sabado por la tarde; tenemos que hacer juntos, algo muy importante.
Con Mora nos miramos tratando de ver si el otro tenia alguna pista, y como ninguno aporto nada, Mora dijo: ¿Mamá, que tenemos que hacer este sabado? Yo tenía planeado juntarme con mis amigas en la plaza.
¿Es tan importante lo que tenemos que hacer todos juntos?
Yo agregue: "Ufa...con Las Fabulosas Lauchas teniamos arreglado un partido de basquet!!!

Papá, quien se encontraba haciendo orden en su preciada caja de herramientas, al escuchar nuestros comentarios, se sumo a la pequeña reunión diciendo:
Chicos, de las dos semanas de vacaciones, solo estamos hablando de hacer algo diferente a todo lo que suelen hacer y les gusta, una tarde, un pedacito ínfimo de los 14 días de vacaciones que les da la escuela.
¿En serio les parece mucho?

Lo que pasa es que es el último sábado de las vacaciones, dijo Mora.

Y si, justamente elegimos el sábado por la tarde, para que yo también pueda estar, y seamos los cuatro parte del equipo.

¿Equipo de que Papá? pregunté con curiosidad.

Equipo familiar para compartir nuestro tiempo con alguien más, dijo Papá con una generosa sonrisa.

¿Se lo decimos Matilde? pregunto Papá.

Si, ya podemos compartir con ellos de que se trata esta misteriosa propuesta...cuéntaselos!

Chicos, ustedes saben que en nuestro pueblo existe desde hace muchos años, un hogar de niños en el cual se recibe, durante el tiempo que haga falta, a aquellos niños que por algún motivo no pueden continuar viviendo con sus padres o con las personas con las cuales habitualmente lo hacían.

Si, escuche hablar del Pequeño Hogar Exaltación dijo Mora... pero no entiendo porque un niño no puede vivir con sus padres o uno de sus padres y abuelos, como es el caso de mi amiga Adela.

Entonces mamá comentó, que si bien lo natural y lo mejor, es que un niño viva con su familia de nacimiento, aveces pasa que la familia no está en condiciones de cuidar y proteger a ese niño, aún cuando lo quieran mucho.

¿Y cómo puede pasar eso? pregunté.

Esta vez Papá fue quien respondio:
Sucede que para cuidar y proteger a un niño, los padres deben estar razonablemente sanos, tanto en lo que se refiere a su cuerpo, como a su cabeza, su entendimiento, su alma. ¿Se entiende?
Si nosotros estuviéramos gravemente enfermos y ustedes no tuvieran abuelos o tíos que los protejan y críen mientras nos curamos, necesitarían de un lugar en el cual reciban los cuidados y el cariño necesarios para crecer sanos de cuerpo y alma, sin correr riesgos de sufrir hambre, enfermedades o algún daño intencional por parte de alguna persona mala o mentalmente enferma.
¿Entienden ahora?

Entonces Mora quiso saber mas: Papá: ¿Como hacen en el Pequeño hogar para hacer de padres y madres de esos chicos?

Bueno, no es sencillo, allí viven muchos chicos, pueden llegar a ser 20 o más. Además, en alguna ocasión puede que muchos sean bebés y algunos ya estén en edad de ir a la escuela. Es por eso que el hogar está organizado para atenderlos de día y de noche, cualquiera sea su edad. Hay señoras que los bañan, les lavan la ropa, mantienen limpia toda la casa, les dan de comer, los llevan al colegio, al médico...y todo esto sin olvidar que además, ellos necesitan recibir cariño.
¡Vieron que importante es este lugar! dijo Papá.

Fue entonces cuando a Mora se le iluminó la cara, al tiempo que preguntaba emocionada:
¿Nosotros vamos a pasar el sábado a la tarde con ellos Papá?
Así es Morita, nosotros, junto a otros dos matrimonios, vamos a acompañar a nuestro querido "Pequeño Hogar Exaltacion" durante el sábado por la tarde. Los hombres mayores aprovecharemos para ver si hay algo que requiera reparación, (y por ello estoy revisando mi caja de herramientas), mientras ustedes junto a sus madres, podrán jugar con los niños y comvidarles alguna golosina o torta, a la hora del té.
Para ellos será ¡su gran día de fiesta!

Y ahora que saben todo acerca de nuestro gran plan familiar: ¿que les parece?

Con Mora nos miramos y sin decir una palabra, corrimos a abrazarlos.
Allí quedamos un rato...sonrientes, emocionados y en silencio.
Entonces Mora dijo algo que nunca olvidaré:
"Hoy me di cuenta de algo importantisimo: a la hora de hacer un regalo, nada vale más que nuestro tiempo"

Fabián E. Sotelo