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Parada Robles  Bitácora de viaje
Viernes, 26 Junio 2026 15:04

Parada Robles Bitácora de viaje

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Se ocultaba del sol de la mañana, cerraba las ventanas y esperaba la noche. Su cuerpo se debilitaba con el aire de la mañana. Sufría el extraño síndrome de la piel agrietada, sucumbía ante el menor roce del sol. Su vida sedentaria, su soledad perpetua. Cada lágrima derramada se convertía en un surco interminable. Los conjuros que le propinaron cuando solo era un niño surgían efecto: "Si te enamoras ten cuidado, nada es como te dicen, y todo es como lo entregas". Extraña maldición, extraña vida del hombre de las cavernas.

Es decir, nadie lo reclamaba en las calles, nadie lo soñaba en la noche...
Encerrado por elección, sin curandería que lo exhorte.
Solo los ojos brillantes, como lobo hambriento en la oscuridad.

Todos sabían y callaban el padecer del hombre. No había posibilidad de lástima, el miedo cubría la necesidad del pueblo de tener un poco de misericordia. Don Esteban había elegido ese camino hacia treinta años, cuando su mujer, la Ronca, había partido a cebarle amargos al Tata Dios.

Desde ese día esperaba el llamado para subir él también, y no hacía otra cosa que esperar. Qué tormentosas pesadillas serían sus noches...

...¿Quién era detrás del sueño?
Qué cuerpos extraños poseía en la noche.
Otras palabras de otras bocas.
Otras miradas dibujadas sobre el desconocido esqueleto.
Pero a quien miraba eran los mismos que sus ojos recordaban.
Los caminos eran del mismo aroma a pino.
Las grietas en las manos.
La soledad del intento.
Los escandalosos del silencio.
Y el habitar otro y otros cada noche.
Los pies desnudos.
Los arcoíris truncos.
El olor a tierra mojada.
El horizonte de fuego.

Pero es la misma voz que llama.
El mismo pensamiento que pregona.
El sueño del sueño.
Todo lo que no se dice.
Todo lo que no se piensa se suicida.
Da un salto al vacío.
Se dibuja en los contornos.
Se pierde sobre la lluvia.
Se seca bajo el sol.

Y al despertar
se abandona el disfraz,
se cambia la piel,
se resucita.

Y por fin uno es otro
por el día,
por la luz,
por todo aquello que se presenta.

Se vive.
Se florece.
Se atrapa.
Se sueña
con ojos abiertos,
con la terrible lealtad
de ser
vida,
años,
encuentro,
viento...

Así sí fue su partida, la sombra de una casa quemada, consumido como una flor sin agua...
Nadie pidió por él, nadie lo recuerda... Simplemente fue y será un hombre absurdo, un hombre que el amor tomó por sorpresa y la muerte lo cacheteó sin testigos... "Ponga otra pava, doña Ronca, que ya golpea la puerta el Esteban para tomar unos amargos, como antes, como siempre..."

 


Héctor Acevedo