Las imágenes que nos han llegado desde la marcha, y las que pudimos ver el día después, nos deben llevar a la refexión.
Las imágenes nos hablan de un profundo odio aprendido en colegios y hogares; nos hablan del deseo de echar al gobierno actual, (de la manera o forma que sea); nos muestran una animadversión gigantezca para con toda persona uniformada; nos señalan una intolerancia extrema frente a quienes piensen distinto, (incluidos los periodistas); y nos hablan de un desinterés extremo frente a la propiedad privada y bienes públicos, (han dejado en condiciones lamentables los espacios por los cuales se desplazaron o en los cuales se detuvieron para llevar a cabo los actos de repudio a quien sabe que).
En síntesis, los manifestantes que más o menos sabían los motivos de la convocatoria, gritaban su repudio a:
-Un golpe de estado...el que ellos desean dar hoy contra el presidente actual.
-A la violencia ejercida por las FFAA y de Seguridad durante aquella guerra...mientras ellos golpean y arrastran por el piso a periodistas, policías y toda persona que se manifieste en contra de su visión.
Los miro y no puedo creer lo que veo.
Mientras que los familiares de quienes fueran ultimados por los terroristas piden justicia y concordia, ellos piden venganza sin conocer en profundidad, la verdadera historia de la tragedia Argentina.
Los secuestros, asesinatos y bombas que llevaron al país a una guerra interna, definitivamente no les importa, no lo ven, o sencillamente lo ignoran voluntariamente.
Viendo las caras, actitudes y acciones de la mayoria de los manifestantes, creo que solo falta la chispa de algún Gorriaran Merlo, (un cabecilla oculto a prudente distancia del enfrentamiento, manejando a sus lacayos por teléfono o mediante un handy), para que el país vuelva a prenderse fuego.
Creo que muchos de ellos anhelan hoy el regreso a las armas. Entonces pienso:
¡No aprendimos nada!!!
El panorama es triste. No son tantos, pero son suficientes.
Creo ver en ellos un crecimiento sin un buen hogar; sin la seguridad que solo puede proporcionar el amor incondicional de padres buenos, que desean educar a sus hijos para que sean felices, útiles a sus familias y a la sociedad, sin dejar de ser personas de bien.
La educación que han recibido desde el jardin hasta la facultad tampoco los ha ayudado.
Allí hoy se genera la idea de que tenemos derechos sin obligaciones; de que mis derechos están por sobre las derechos de los demas. Allí, en muchos casos, nos cuentan que podemos decidir si somos varón o mujer. Allí nos dicen que estando en la pancita de nuestras madres, aún no somos nada.
Allí nos dicen que todos los uniformados somos malas personas.
Alli, pronto nos enseñarán que al volverte viejo, ya no valdrás la pena.
La tragedia Argentina sigue viva.
La alimenta el sistema educativo, la justicia decadente, y la casta política que nos trajo hasta aquí: un país rico, lleno de pobres, lleno de violencia, faltos de familia y educación.
Me pregunto entonces: en qué estarán ocupadas las madres y abuelas de hoy?
Espero que estén atentas y ocupadas en el desarrollo de las personas que debieran amar y cuidar sin descanso.
Hoy les rogaría que no dejen que los vientos oscuros malogren a sus hijos y nietos...no sea cosa que los zatrapas de siempre les regalen un pañuelo con el cual marchar y sufrir hasta el fin de sus días!
Fabián E. Sotelo
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